Ser emprendedor creativo es algo que me encantaría conseguir en mi vida. Es una idea que me atrae tanto que si pudiera, lo dejaría todo para dedicarme a ella.
…Solo que en la realidad las cosas no siempre encajan tanto o, al menos, no desde el principio. Hay muchas cosas que no controlo, muchas condiciones personales que no sé si cumplo. ¿Habría algunas preguntas que pudiera empezar a hacerme para asentarme, para ayudarme a saber dónde estoy, de dónde parto?
Afortunadamente, las hay y ¡solo son tres! Basta con que me haga estas:

¿Quiero emprender? ¿Puedo dedicarme a ello? ¿Sé cómo hacerlo?

  • Desde luego, si solo hay una respuesta positiva a las tres preguntas, aún estoy un poco lejos de empezar.
  • Y si, por el contrario, las tres respuestas son positivas, ¡fantástico! Puedo empezar… si no estoy ya en ello.
¿Y cuando hay dos respuestas positivas? Entonces estoy en un momento interesantísimo. Pueden darse tres situaciones:
  • Puedo y sé, pero no siento que quiera lo suficiente. Se trata entonces de conseguir más motivación, de buscar inspiración. De salir de mi entorno diario para recibir nuevos estímulos: hablar con nueva gente, asistir a una charla, acudir a una exposición…
  • Quiero y sé, pero en este momento no puedo. Entonces, es cuestión de prioridades: quizá tengo un trabajo seguro que me ocupa mucho tiempo y absorbe toda mi energía y mi concentración… entonces, puedo empezar poco a poco, dedicando un rato cada día, o cada semana, a esa ocupación creativa con la que tanto disfruto…
  • Quiero y puedo empezar, pero no sé cómo. En esta situación está muy claro lo que necesito: formación. La que puedo obtener directamente con cursos, clases… o con experiencia: quizá pueda preguntar a un artista o emprendedor que conozco si puedo acompañarle alguna vez, o ayudarle en alguna tarea…
Una vez que tengo claro con qué cuento y qué puede faltarme, he dado un paso de gigante. En la dirección en la que quiero avanzar.

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