A todo el mundo le gustaría ser creativo. Y sin embargo, muy pocos consideran que lo sean. Encontrar nuevas ideas sigue pareciendo un arte accesible solo a los miembros de una élite, la tribu de los elegidos.

Probablemente hemos estado delante cuando un amigo o un colega haya experimentado se momento ¡eureka!. Esa chispa, el nacimiento de algo que no estaba ahí apenas un momento antes. Y, por supuesto, tú mismo has experimentado esos “momentos felices”. El asunto es: ¿Cómo hacer que esos momentos se repitan una y otra vez?

Magníficas noticias: generar nuevas ideas es solo cuestión de técnica, un método. Y, además, uno bastante simple. Solo cinco pasos. Increíblemente fáciles. Fueron presentados por primera vez por James Webb Young, el legendario genio de la publicidad, en los años cuarenta. Vamos a verlos.

  • Un aviso previo: este método tiene truco. La técnica en sí es tremendamente sencilla, pero el primer y segundo pasos requieren de compromiso y práctica, hasta que se conviertan en parte natural de tu rutina diaria. Pero incluso así, son muy divertidos de abordar con ganas. Ah, y otra cosa importante es que sigas todos los pasos en orden, porque cada uno va ayudando al siguiente, hasta llegar al resultado final.

Si eres lo suficientemente osado como para seguir adelante, ok, adelante…

1. Recolectar material

Lo primero que necesitas es alimentar tu mente. Mira a tu alrededor, a todas partes, cada día, y registra todo lo que veas. Lleva ficheros, escribe notas en un cuaderno, recorta páginas de revistas. Cultiva diferentes hobbies, para que el kaleidoscopio creativo de tu cerebro incluya más piezas, más formas, más colores.

Esta recolección de material puede ser general, sin relación con ninguna tarea o fin, o bien específica para un propósito. Una característica muy importante es que la hagas tan activa y conscientemente como puedas. Así, podrás interiorizarla y convertirla en una parte esencial de tu forma de actuar.

2. La digestión mental

Piensa constantemente en el proyecto para el que necesitas encontrar una idea. Usa todos los materiales que has recogido, ponlos a la vista. En esta fase, muchas ideas parciales, aparentemente inconexas, surgirán, asociaciones entre conceptos y retazos de información. Es muy importante que las escribas o las dibujes. Retenlas, no las dejes escapar, porque son pasos claves hacia el objetivo final.

Es muy útil potenciar la efectividad de esta fase dándole a tu “digestión” todo el tiempo que necesite. Descansa. Llévatela a dormir. Sigue al día siguiente, vuelve sobre tus hallazgos y construye sobre ellos. Cuanto mejor la digestión, más nutritiva será, más músculo creativo ayudará a construir.

Por cierto, es durante esta fase que las personas creativas adquieren su reputación de, digamos, despistadas. Así que si eres una persona despistada, ¡enhorabuena! Eres, con toda seguridad, uno de los elegidos…

3. ¡Para!

Esto es difícil. Estás en mitad del proceso, trabajando duro, te hierve la cabeza… ¡Es hora de hacer algo diferente! De olvidarte de todo. Vete al cine. A un concierto. Sal a dar un paseo. Y este paso es obligatorio: hay una razón científica para ello. Verás por qué en el siguiente paso.

4. ¡Eureka!

Esta es la fase en la que la idea, de repente, sale de ninguna parte. El momento feliz. La verás con claridad en tu mente. Y sucederá, normalmente, cuando menos te lo esperes.

Es por esto que pasaste por la fase tres. Los “momentos felices” se hacen tremendamente más probables cuando la mente está libre, en reposo, no de guardia. ¿Alguna vez has tenido una gran idea mientras estabas en la ducha, todavía medio roque (este es, por ejemplo, el momento favorito de Woody Allen para tener ideas)? ¡Ahí lo tienes! Puede que sin darte cuenta, estuvieras en mitad del paso tres. Intuitivamente, ya estabas aplicando esta técnica. Ya es algo natural para ti.

5. La prueba

Aquí es donde tu idea se encuentra con el mundo real. Puede ser duro. Tu idea es como tu hijo recién nacido, estás enmamorado de ella. Pero entonces debe soportar un duro examen. Y la mejor forma de pasarlo es someterla al mundo. A tus colegas, a tus amigos… O más radicalmente, abiertamente, al mundo entero.

Te sorprenderás de las aportaciones formidables que te llegarán y que la ayudarán a cambiar, mejorar o, incluso, a desaparecer tal cual está en este momento, para reaparecer más adelante como algo distinto, un concepto nuevo, más perfecto.

¡Y ya está! Esta técnica la utilizan genios de la vida real y de la ficción, desde Beethoven hasta Sherlock Holmes, con resultados espectaculares. Y ahora es tuya. Disfrútala. ¡Y que el mundo disfrute de todo lo que consigas con ella!

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